Títulos y temas

 

eñor, sabes que hoy tengo tanto que hacer que la verdad es que me siento un poco como el tío José cuando participó en el concurso de comer pasteles. Bueno, creo que no hace falta que te cuente mis anécdotas, porque como dijo el cura, Tú ya sabes tó lo que hay que saber, incluidas todas mis historias. Pero como me hace bien contártelas, gracias por escuchar. Pos bien, como recordarás, el tío José se equivocó de fecha y pensaba que tenía un día más pa’ practicar. Acababa de terminar de hartarse de pastel en el bufé de doña Rosa, donde se pué comer tó lo que se quiera por el mismo precio, y entonces avisaron que iba a empezar el concurso. El caso es que cuando sonó la campana, José empezó mú lento. Y así es majomeno como me siento yo esta mañana.
     Señor, hoy tengo mucho que hacer y no dispongo de mucho tiempo. Y no puedo permitirme ningún problema.
     No es que me guste buscar problemas, lo que pasa es que a veces son inevitables. Me recuerda a lo que le pasó a mi viejo cuando era chico. Estaba recolectando moras en un cerro cuando vio una colmena, y como no había ruido pensó que no tenía abejas. Como no quería que se desperdiciara la miel, decidió servirse un poco.
     Y se equivocó. A aquellos bichos no les hizo gracia que se pusiera a hurgar en su colmena. Lo picaron de pies a cabeza, y corrió hasta el arroyo. El pobre quedó más picao que un colador. Saltó al arroyo y se cubrió de fango. Por lo visto le sirvió, porque, o las abejas ya no lo reconocieron o no les gustó el sabor del barro.
     Su agüela lo vio llegar a casa cubierto de barro y le preguntó qué fechoría había hecho. Opá le explicó lo mejor que pudo lo que había pasao, y su abuela lo llevó a darse un baño caliente y luego le puso una pasta de bicarbonato pa que se le fuera la picazón.
     ¿Y tó eso qué tié que ver conmigo? Bueno, como dije, no quiero problemas, pero si hoy se presenta arguno, viá necesitá que me ayude sin falta, Señor; que no se me haga una montaña; y si la cosa se pone fea, haz que haya un arroyo, mucho barro, una ducha caliente y bicarbonato a la mano. Y te pido lo mismo que te pidió aquel general antes de la batalla: «Señor, si hoy me olvido de Ti, no te olvides Tú de mí». Bueno, claro, estoy seguro que nunca te olvidas de mí, porque creo que me amas y que cumplirás Tu voluntad en mí.
     Y a propósito de inquietudes, de echar pa’ fuera los problemas, necesito mucho que me eches una mano con la cosecha. Hay que recogerla antes de que llueva, y tengo la hoz bastante gastá. Señor, en realidad son Tus sembraos. Tó lo que yo hice fue sembrar las semillas que Tú creaste. Tú mandaste sol y lluvia e hiciste tó lo demás. Ahora llegó el momento de que yo haga mi parte, y la tarea es superior a mis fuerzas. Pero has empezao una buena obra en este campo, y confío en que harás que termine bien. Me dijiste que te encomendara mis preocupaciones, así que si te paice bien, te encargo mi trabajo de hoy, y confío en que harás lo que haga falta. Y si hoy no terminamos, ayúdame a confiá en que se hará en el momento que mejón te parezca.
     Po eso es tó lo que tengo que decir. Como dicen, a Dios rogando y con el mazo dando, porque Tú ayudas a los que hacen su parte y a los que no pueden. Gracias por escucharme y por darme fuerzas día tras día.
 

 

 

 

 

 

 

 

 

     
os agricultores son un modelo de fe, paciencia y confianza en el Señor, pues no esperan que Él lo haga todo en un día. Han aprendido a tener paciencia y a confiar durante la larga espera a que los cultivos se desarrollen y los animales produzcan. No les queda otra que confiar en el Señor, porque muchas veces no pueden hacer nada más.
     En la agricultura se trabaja en sociedad con Dios, pero Él hace la mayor parte del trabajo. Envía el sol y la lluvia que desarrollan los cultivos y hace que los animales produzcan. El agricultor también debe hacer su parte, claro, pero eso significa más que nada estar presente para supervisar, orar por la cosecha y luego dar gracias al Señor por los resultados. Todos podemos aprender del paciente agricultor que confía en Dios.

                                                    David Brandt Berg

 
 
Curtis Peter van Gorder es misionero de la Familia Internacional en el Oriente Medio.
David Brandt Berg (1919-1994) fue el fundador de La Familia Internacional.
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